Fiódor Makhnov, nacido a mediados del siglo XIX, pasó a la historia como el hombre más alto que haya vivido en la Tierra. Su estatura, según diversas fuentes, alcanzaba los 285 cm.

En su niñez, Fiódor no destacaba entre sus compañeros y vivía en un pueblo con sus abuelos. Pero a los ocho años experimentó un crecimiento descomunal. A los catorce ya medía más de 2,5 m.
Cuando cumplió dieciséis años, un agente de circo alemán se fijó en él. Viendo el potencial de aquel adolescente gigante, le ofreció un contrato para trabajar en un circo en Alemania.

A cambio de su trabajo, el circo le proporcionaba ropa, comida y salario. Sin embargo, la vida en el circo no le brindó la satisfacción esperada y en 1903 regresó a su tierra natal.
De vuelta en casa, Fiódor adquirió tierras y una vivienda que hizo reformar y amueblar a su medida. Era un hombre de buen corazón y soñaba con formar una familia. No obstante, encontrar esposa no fue sencillo: las jóvenes se asustaban con su imponente figura. Finalmente se casó con Efrosinia Lebedeva, maestra de 1,80 m. Juntos tuvieron cinco hijos, que, pese a su herencia genética, no superaron los dos metros.

Un detalle destacado de su vida fue su ingesta alimentaria. Cada día, Fiódor consumía 8 hogazas de pan, 20 huevos, 2 L de té o cerveza, además de enormes porciones de carne y fruta. Antes de acostarse, no faltaba a su costumbre de comer otra hogaza, 15 huevos y beber un litro de leche o té.
A pesar de su fuerza física, Fiódor no vivió muchos años: falleció el 10 de septiembre de 1912, a los 34 años, a causa de una enfermedad pulmonar.